“Cuándo opino, lo opino además para declarar la medida de mi vista, no la medida de las cosas.”
– Los Libros. Michel de Montaigne.
Estoy hace muchos años en diferentes grupos de WhatsApp y de LinkedIn que abarcan, cada uno temas como Cultura, innovación, evolución digital, y nuevas maneras de pensar y actuar, incluida la agilidad, o agilismo, como algunos erróneamente lo llaman.
Estos grupos son muy valiosos para mí, he encontrados muchos aprendizajes y referencias, he podido apoyar y ser apoyado en momentos tanto alegres como muy difíciles, y he encontrado gente muy valiosa, algunos de los cuales se han convertido en grandes amigos, desde hace ya varios años.
Si no estás en grupos como estos, de un tema que sea de tu interés, te recomiendo buscarlos, hacer parte de ellos o crearlos.
Creo que la sabiduría, aunque pasa por el estudio individual y la lectura, también se crea de manera importante en la amable y respetuosa colisión de ideas.
Hace pocos días, dentro de uno de estos grupos de Agilidad una persona hizo referencia a un Framework o metodología y a un autor que no son del agrado del grupo, ni el autor ni la metodología.
Aunque algunas personas intentaron argumentar y contar que su experiencia con el autor y lo que promueve no los habían satisfecho, lo cual está muy bien, las respuestas hacia esta persona, luego de unos pocos mensajes, no fueron basados en la argumentación, el pensamiento crítico y los hechos y datos.
Rápidamente se hizo efecto manada, se pasó a memes supuestamente chistosos, mensajes de descalificación del autor y su framework y mediante los chistes y comentarios se silenció rápidamente la emisaria de los mensajes con los que algunos del grupo no están de acuerdo.
Lo más triste es que algunos de estos mensajes fueron groseros y hasta vulgares.
Y la mensajera se silenció.
Y el grupo no protestó.
Y unos pocos, poquísimos defendimos la mensajera y su proceder, aunque no estábamos de acuerdo con lo que promulgaba.
Y la mensajera se silenció.
Y el grupo no protestó.
Y varios se rieron.
Y se pasó a otro tema.
Me sentí como en la escuela, cuándo se le hacía matoneo a alguien nuevo, simplemente porque no era como los del grupo, que llevan toda la vida juntos.
Esa es justo la otredad, el otro como enemigo, porque no es o no piensa como nosotros, los buenos, los que si tenemos la razón.
Lo que me lleva a la siguiente reflexión:
¿Hacemos grupos para estar en burbujas de auto afirmación? o ¿buscamos, por el contrario, como promueve la filosofía, el pensamiento crítico y el pensamiento científico, apreciar la confrontación de nuestras creencias o preconcepciones?
¿Apreciamos la colisión de ideas? ¿Las nuevas argumentaciones? ¿Los nuevos puntos de vista? Y ¿abrazamos al que las trae, así no nos gusten, como un emisario de sabiduría para el grupo o para nosotros mismos?
¿Lo que buscamos en estos grupos es aprender y ser un poquito mejores y más sabios o reafirmar nuestra ideología, nuestro -ismo, bien sea Capitalismo, Socialismo, o Agilismo?
¿Queremos aprender, generar más valor, ser más virtuosos, vivir y mejorar sin importar los -ismos o simplemente estar en cajas de resonancia, como las redes sociales, donde se nos reafirma que nosotros somos que tenemos la verdad y los buenos?
¿Somos libre pensadores y amables colisionadores de ideas o inquisidores de nuestros -ismos?
Si esta reflexión resonó contigo, te invito a leer este artículo relacionado escrito por Lucho Salazar
Una respuesta
Creo que el tema se vuelve en lo que se llama “persistencia de las creencias” en muchos casos no se trata de aprender o dar consejos sino en ser parte de una manada que puede que me de identificación.
Y siempre será mas fácil argumentar usando el “whtaboutismo” que con argumentos. Argumentar significa pensar, y a muchos no les gusta pensar