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Relación estrés rendimiento
¿Sientes que el estrés te frena? A veces más presión solo empeora todo; descubre cómo evitarlo.
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Daniel Ramírez
Ingeniero Full Stack experimentado en desarrollo e implementación de proyectos informáticos, con habilidades en Java, PHP, JavaScript, entre otros. Mentor en cursos de desarrollo Full Stack y experto en metodologías ágiles y pruebas unitarias para optimizar software y minimizar errores. Participante activo de Castor Comunidad.

Una reflexión desde el volante

En ocasiones, cuando voy conduciendo, me pongo a pensar en mis acciones y en las de los demás conductores:
Detenerme para dar paso a un peatón podría tomar como máximo 10 segundos. Esos diez segundos no significan mucho para mí, pero para quien espera cruzar pueden convertirse en varios minutos de demora para llegar a su destino.

Curiosamente, me he puesto a contabilizar el tiempo que me toma alcanzar nuevamente el carro que iba delante de mí y, en ninguna ocasión, me ha tomado más de 40 segundos (incluido el tiempo que me detuve) para volver a estar en el mismo sitio con respecto al tráfico.

Sortear el tráfico para poder avanzar a 80 km/h en vez de seguir detrás del auto de adelante que va a 70 km/h, es otro punto sobre el que pienso: esa aceleración extra que aumenta el estrés (y el gasto de combustible) significa quedar pocos kilómetros después a un par de autos más adelante de donde iría originalmente. Esto se traduce en que llegaría, a lo sumo, tres o cuatro minutos antes, pero en realidad rara vez supone más de dos minutos de diferencia, lo que equivale al tiempo que podría estar a la espera de un ascensor que se demora un poco.

Del volante al escritorio

Esta clase de escenarios también se presenta cuando estoy trabajando:
Interrumpir mi trabajo por 10 o 15 minutos para la Daily, lo que para algunos puede ser el símil del malestar de dar paso a otro carro o a un peatón. La sincronización con el equipo puede evitar que se cometan errores o reprocesos que suelen costar mucho más que esos 15 minutos y, al finalizar la reunión, no suele tomarme mucho tiempo regresar a “la zona” para continuar con mi trabajo.

Dejar de lado la cobertura de las pruebas de mi aplicación puede ayudarme a avanzar más rápido hacia esa entrega que lleva un par de días de retraso (como sorteando al auto lento); sin embargo, cuando regrese en un par de semanas a continuar cambiando el código de mi aplicación, muy probablemente no recordaré que justo esa función que debo modificar no quedó cubierta por las pruebas, lo que podrá generar un bug en producción en un par de meses (cuando ya olvidé hasta cómo debería realizarse el cálculo de esa funcionalidad), y esto me tomará con toda seguridad mucho más tiempo que el que hubiera requerido para construir inicialmente las pruebas (fácilmente unas 5 o 10 veces más tiempo).

Un equilibrio estudiado hace más de un siglo

Hace ya más de 100 años se conocía la relación entre el estrés y el rendimiento, la cual incluso fue plasmada en la Ley Yerkes-Dodson, desarrollada por los psicólogos Robert Yerkes y John Dillingham Dodson. Existe un límite al estrés que una persona puede soportar antes de que comience a disminuir su productividad. Asimismo, si no se tiene al menos un poco de estrés (o “presión chévere”, como la llama mi gran amigo Jorge Abad), el rendimiento no alcanzará un buen nivel.

La “presión chévere” vs la presión absurda

Así es que tener una fecha límite para entregar, un compromiso que te recuerde que debes entregar, sin llegar a la presión absurda de exigir que el trabajo de dos semanas sea realizado en la mitad del tiempo, es una presión chévere que te ayuda a enfocarte en el objetivo, a lograr un resultado óptimo.

Al contrario, cuando alguien decide que debe “exigir el 110 % al equipo para que den al menos un 80 %”, “milla extra”, “ponerse la camiseta”, “hoy les traigo pizza para que puedan trabajar hasta más tarde”, lo único que se logra es bajar el rendimiento, así se presente un efímero aumento productivo por una noche o por un par de días.

Y lo que suele pasarse de largo es que una persona o un equipo con un nivel altísimo de estrés puede deteriorarse rápidamente e irreparablemente, tal como lo hace un vehículo al chocar, dejando señales que siempre quedarán allí y que serán evidentes ante los ojos de un mecánico de peritaje o de un psicólogo laboral.

La clave: proporción y sostenibilidad

Al conducir y al trabajar, siempre hay que mantener las proporciones adecuadas de estrés y rendimiento: sin algo de presión, no te rinde tu trabajo o no inicias tu viaje, pero demasiado estrés baja tu rendimiento o provoca accidentes.

El rendimiento sostenible no surge del exceso, sino del equilibrio. Los equipos más productivos no son los que trabajan constantemente bajo presión, sino los que logran convertir un poco de presión en incentivo para hacer las cosas bien; la presión suficiente para mantener el enfoque, pero nunca tanta como para desgastar a las personas.

¿Y tú?

¿Y tú sabes cuál es la relación entre tu nivel de estrés y tu rendimiento?
Déjame saberlo en los comentarios.

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