4 enseñanzas del corazón de la agilidad para la transformación
Exploramos cuatro enseñanzas del corazón de la agilidad para la transformación empresarial, destacando la importancia de la mejora continua.
Carlos Palacio
Carlos Palacio
Profesional con más de 25 años de experiencia en guiar organizaciones y equipos hacia su máximo potencial. Destacado en consultoría, proyectos, mejora continua y coaching, se enfoca en desarrollar talentos y fomentar relaciones sólidas y logros tangibles. Su filosofía se centra en la adaptabilidad, confianza y pensamiento sistémico, comprometido con el crecimiento y éxito de sus colaboradores.

Hace ya unos ocho años, tal vez nueve, me enfrenté junto con otros amigos agilistas a un gran reto: debíamos explicarle a un grupo de directivos de alto nivel, ¿qué es eso de agilidad?

Lo primero que hicimos, como buenos agilistas y facilitadores, fue precisamente facilitar entre nosotros una ideación en la que cada uno, durante unos minutos (también usamos Time Boxes), debíamos escribir ideas alrededor de la pregunta ¿qué es la agilidad? en pósits independientes.

Una vez terminado el tiempo de ideación que acordamos, llegó el momento de compartir nuestras ideas. Cada uno, en orden, fue pasando al tablero con sus pósits mientras iba explicando con propiedad su perspectiva de lo que significaba agilidad. Al final, teníamos una enorme cantidad de puntos de vista, todos válidos por supuesto.

Si bien es cierto que cada uno de nosotros alcanzó a ampliar su perspectiva sobre qué es agilidad, después de deambular inevitablemente por un buen rato en la zona de quejidos[1], no se veía cerca algún consenso.

De repente, emergió en la conversación una de esas preguntas que hacen que la tierra deje de girar: bueno, ¿entonces qué vamos a hacer con todo esto? Para no alargar la historia, para enfrentar el reto que teníamos con el grupo de directivos, acordamos actuar desde donde nos sentíamos más cómodos y seguros: diseñamos una serie de sesiones tipo conversatorio alrededor del Manifiesto ágil.

Para todos era muy importante que este grupo de directivos no solo entendieran mejor qué es la agilidad, sino que se vieran identificados y comprometidos con hacer parte más activa de esta transformación que estábamos impulsando y acompañando desde hace ya un buen tiempo.

Las conversaciones fluyeron bastante bien durante la sesiones y podría afirmar que fueron efectivas, sin embargo, me quedé con la idea de que debería haber una forma más simple de entender y de explicar qué es eso de agilidad.

1. ¡Siempre vuelve a lo esencial!

A finales de 2017 tuve la oportunidad de asistir a un evento de la comunidad de Ágiles Costa Rica y mientras escuchaba embelesado la charla “El corazón de la agilidad expandido” explicado magistralmente por Soledad Pinter, tuve uno de esos momentos “¡Aha!”. Regresó a mi mente como una película en cámara lenta aquella historia de “¿Qué es eso de la agilidad?”, además de decenas de piezas de un rompecabezas compuesto por técnicas, herramientas, marcos de trabajo y muchos otros elementos comunes en nuestro mundo de la agilidad. Entendí entonces que tenía ante mí el inicio de un gran aprendizaje. Acá está entonces la primera enseñanza: ¡Siempre vuelve a lo esencial!

En un proceso de transformación y específicamente de transformación ágil, a menudo nos encontramos agobiados con planes, un sinnúmero de ideas o posibilidades de acción, incertidumbre, miedos, presiones, entre muchos otros elementos que nos abruman y distraen. Vuelve a lo esencial: simplemente Colabora, simplemente Entrega, simplemente Reflexiona y simplemente Mejora.

Las expectativas y la presión por resultados durante procesos de transformación ágil suelen ser grandes. Preguntas como: ¿ya somos ágiles?, ¿cuándo vamos a ser ágiles? nos plantean una paradoja, la de recorrer un camino que no tiene fin, la agilidad no es algo que simplemente se alcanza, pero sí es algo que permanentemente se persigue; los beneficios están en el camino, no al final del camino. Entonces, ¿cuál es el camino y cómo recorrerlo?

A finales de 2019, me encontraba en las oficinas de la empresa para la que trabajaba (todavía teníamos oficinas físicas) en una conversación con uno de mis compañeros agilistas. Discutíamos precisamente acerca de cuál podría ser el camino hacia la agilidad y cómo nosotros podríamos ayudar a nuestros clientes a recorrerlo. Como de costumbre, dejamos salir muchas ideas, también en pósits y en un tablero: conceptos, modelos, charlas, talleres, marcos de trabajo, elementos técnicos, habilidades blandas, entre muchos otros elementos.

Entre tantas ideas estaba El corazón de la agilidad y decidimos explorar un poco más, así que hicimos un recorrido por el Corazón de la Agilidad Expandido y empezamos a encontrar un factor común entre muchos de los elementos que habían surgido antes y que estaban en el tablero.

Contrastando las ideas y los elementos del Corazón Expandido con muchas experiencias previas que habíamos tenido con equipos y en procesos de transformación ágil, encontramos que al final de cuentas, cada cosa que habíamos hecho o intentado hacer en el pasado, inevitablemente nos llevaría tener uno o varios de estos imperativos: Colabora más, Entrega más, Reflexiona más o Mejora más, comprendimos que estos cuatro elementos podrían ser más que un camino, una guía para recorrerlo, tal y como lo proponen Alistair Cockburn y Soledad Pinter: una brújula.

2. ¡La acción debe ser deliberada, consciente y permanente!

La reflexión profunda me llevó a comprender también que una brújula por sí misma no te lleva a ninguna parte, solo te muestra la dirección; soy yo quien construye mi propio camino y el camino de cada uno puede ser diferente, aunque la dirección sea la misma. El camino se recorre andando, así que aquí viene la segunda enseñanza: ¡La acción debe ser deliberada, consciente y permanente!

3. Detente y reflexiona

En ocasiones me he visto inmerso totalmente en la acción, en lo operativo, en las prácticas puras y duras, va pasando el tiempo y mientras más creo que me muevo, menos avanzo; me he sentido como un hámster andando a toda velocidad en una rueda que gira y gira, pero no avanza a ningún lado. Lo mismo he podido observar en algunos momentos en algunos equipos absolutamente ocupados en la tarea, terminan los días y se notan agotados, pero sin brillo en los ojos, sin resultados reales. Es necesario detenerse, observar, obtener datos, hechos, revisar nuestras emociones, nuestras motivaciones, los resultados, interpretarlos y reflexionar al respecto, de tal forma que a partir de esta reflexión podemos encontrar nuevas y mejores posibilidades de acción para continuar el camino. Siempre que me he detenido, bien sea por iniciativa propia o por una situación externa emergente, he logrado encontrar esas nuevas posibilidades, así que la tercera enseñanza es: “Detente y reflexiona”.

4. “El abecedario tiene 27 letras”, sigue en acción permanente mirando siempre tu brújula.


Cada paso del camino recorrido en una transformación ágil parte de cierto nivel de incertidumbre. No hay certeza de que lo que vayamos a hacer vaya a resultar siendo exitoso. Lo que funciona en un equipo, puede ser inútil en otro; lo que funciona con un determinado cliente, puede no funcionar con otro; lo que generó buenos resultados en el pasado, puede no resultar igual en el futuro. Como el contexto está cambiando y andamos navegando en la complejidad, no podemos confiarnos en recetas que sean de copiar y pegar en todas las situaciones, debemos observar y comprender el contexto y decidir experimentar.

Algunos experimentos serán exitosos y otros no en función de las expectativas del resultado, aunque siempre habrá algo que aprender y algo que modificar: si el plan A no está funcionando o no funcionó, detente, reflexiona, aprende y experimenta con el plan B; y si el B no funcionó, detente, reflexiona, aprende y experimenta con el plan C. La cuarta enseñanza es: “El abecedario tiene 27 letras”, sigue en acción permanente mirando siempre tu brújula.

[1] https://www.goodreads.com/book/show/927064.Facilitator_s_Guide_to_Participatory_Decision_Making?ref=nav_sb_ss_2_5

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