Cuándo descubrí que no hay recetas sino relatos
Nuestra cultura occidental ha estado marcada por la figura del héroe. Nos da seguridad, nos hace creer que el mundo es predecible, que el éxito es replicable. Viene desde lo más profundo de nuestra civilización y, por ello, rara vez lo cuestionamos. Como un camaleón, se adapta a cada era, cambiando de forma, pero nunca de esencia.
Desde la mitología griega con Zeus, Atenea y Dioniso (siempre Dioniso), pasando por los emperadores romanos, los caballeros medievales, los genios del Renacimiento y los grandes conquistadores modernos, la figura del héroe ha evolucionado. Pero el culto permanece. Cambian los nombres, pero la devoción sigue intacta.
Los nuevos dioses del Olimpo digital
Hoy, en la era de la tecnología y la innovación, los nuevos héroes visten sudaderas con capucha y construyen imperios desde su laptop. Jeff Bezos (Amazon), Steve Jobs (Apple), Bill Gates (Microsoft), Sam Altman (OpenAI), Daniel Ek (Spotify). A ellos se suman los referentes latinoamericanos: Marcos Galperín, Hernán Kazah (Mercado Libre), Martín Migoya (Globant), Simón Borrero (Rappi), Alexander Torrenegra (Truora), Manuel A. Grullón (GCS International, Nerdot), Oscar Salazar (Uber), David Vélez (Nubank), Freddy Vega y Cristian Rennella (Platzi).
Se estudian sus biografías, se diseccionan sus discursos, se buscan y proclaman sus recetas como si de fórmulas mágicas se tratara. La ilusión es simple: “Si sigo sus pasos, alcanzaré el mismo destino”. Pero aquí es donde radica la falacia.
La gran mentira del éxito replicable
Vivimos bombardeados por la narrativa de que el éxito es una receta. Que si piensas como Steve Jobs, serás innovador; que si inviertes como Warren Buffett, te harás millonario. Pero esto no es más que una ilusión bien vendida.
Nassim Taleb, en El Cisne Negro, y Morgan Housel, en Lo que Nunca Cambia, me dieron el empujón final para entender y desmontar este mito en mi entendimiento y te lo quiero compartir a continuación.
El éxito de estas figuras no es sólo producto de su genialidad, esfuerzo y talento. Es también una combinación de circunstancias, de quiénes los acompañaron, de oportunidades irrepetibles y, en muchos casos, de simple suerte, sin desconocer su esfuerzo y talento.
Muchos crecieron en entornos apropiados (unos más que otros) y en un momento dado hicieron algo después de haber sudado muchos días y haber tenido mucha persistencia, la diosa fortuna les sonrió.
Michel Olmi, fundador de las tiendas de Hard discount D1 en Colombia, logró un negocio exitoso y luego fracasó con Justo & Bueno en casi el mismo formato, a pesar de haber aplicado estrategias casi idéntica. Steve Jobs, aclamado por su genio, apostó fuertemente por el Segway, convencido de que revolucionaría la movilidad urbana. No pudo estar más equivocado.
El camino al éxito no viene en forma de mapa, viene en forma de una brújula, y no es infalible, depende de tus circunstancias, de ti y de la diosa fortuna
En lugar de buscar “recetas infalibles”, creo que es mejor intentar entender los temas subyacente. Peter Senge, en La Quinta Disciplina, nos da una herramienta: el modelo del iceberg.
- Eventos: Lo que vemos en la superficie. Un emprendedor que lanza una startup exitosa. Un unicornio que emerge. Pero estos eventos sólo son la punta del iceberg.
- Patrones: Al analizar tendencias a lo largo del tiempo, identificamos repeticiones. Los padres que educan, los libros que leyeron, con quienes conversaron, el cuidado familiar y la alimentación que les dieron de niños, sus hábitos, los mentores que tuvieron, los viajes que hicieron la iteración constante, el aprendizaje rápido, la capacidad de adaptación.
- Estructuras sistémicas: Lo que sostiene esos patrones: procesos, políticas, normas, instituciones, colegios, clanes, organizaciones, universidades. Un entorno que fomenta y potencia, o ataca y ralentiza la innovación y la creación.
- Modelos mentales: Las maneras de pensar, las creencias que moldean nuestras percepciones, pensamientos, hábitos, decisiones y acciones, tanto cotidianas como extraordinarias.
(Imagen extraída del documento Tendencia Exponencial Bajo la Superficie 2025)
No es sobre ellos, es sobre nosotros
Si queremos construir algo propio, es más valioso entender las condiciones que permiten el éxito que copiar decisiones ajenas. Los patrones, las estructuras, los modelos mentales en los que participemos y pertenezcamos. Eso es lo que importa.
Esos factores, la perseverancia y si, que nos sonría alguna vez la diosa fortuna. Eso es lo que importa.
Tengo una biblioteca llena de biografías de empresarios, de historias de empresas. Disfruto mucho leyéndolas y sé que enriquecen mi conocimiento, percepciones y mi ser. Pero también sé que son historias contadas por admiradores o financiadas por sus protagonistas la mayoría de las veces. Sí, pueden inspirarnos, pero no son guías. Son, a lo sumo, relatos modernos. Es como leer a Sófocles, Roald Dahl, Stefan Zweig o Borges, El Señor de los Anillos, Cien años de soledad o Funes el memorioso.
Conclusión
Los héroes y sus relatos nos sirven, divierten e inspiran. Necesitamos además principios, valores, patrones de comportamiento, estructuras y modelos mentales que nos apalanquen. No mapas, sino brújulas. El viaje no es una serie de pasos predefinidos, sino una combinación de decisiones y circunstancias.
Para profundizar en estos temas, recomiendo La Quinta Disciplina, Lo que nunca cambia y el documento Tendencia Exponencial Bajo la Superficie 2025 de Oscar Hernández.
Postdata: Nos queda pendiente reflexionar acerca de ¿Qué es el progreso? Pero eso será otra conversación.
Gracias a Juan Daza por enseñarme la metáfora de la brújula y el mapa. Que sigamos buscando nuestro propio norte.