(Este planteamiento fue compartido por Juan Andrés Ochoa en el capítulo “
IA Responsable y Guardarraíles: ¿De quién es la responsabilidad?” de nuestra charla Castor Sin Filtro, un espacio abierto en el que puedes participar todos los viernes a las 11:30 a. m. (hora Colombia). dando click aquí )
¿Es la Inteligencia Artificial realmente una “persona” o una entidad inteligente? El debate sobre si los modelos algorítmicos poseen una conciencia real suele inundar las redes, pero quizás estamos perdiendo de vista el punto central: las realidades humanas más potentes no dependen de su existencia física, sino de los acuerdos colectivos que construimos a su alrededor.
El poder de las verdades acordadas
Como bien plantea el historiador Yuval Noah Harari, muchas de las estructuras fundamentales de nuestra civilización existen simplemente porque los seres humanos nos pusimos de acuerdo en que existieran.
El tiempo: Los segundos, los minutos y las horas son convenciones humanas que decidimos medir de una forma específica para organizar el mundo.
El dinero: Un billete o una moneda no se pueden comer, y su valor físico apenas serviría para acuñar una puerta. Sin embargo, funciona de manera global porque compartimos la convención colectiva de que esa pieza tiene un valor de cambio.

Si la humanidad actual decide, de forma colectiva y mediante sus dinámicas cotidianas, tratar a la Inteligencia Artificial como una especie inteligente con un rol activo, entonces en la práctica eso terminará siendo. Nos guste o no, la inercia global parece dirigirse con fuerza hacia ese escenario.
Más allá del usuario: El peso de las narrativas corporativas y geopolíticas
Reducir el impacto de la IA a las acciones individuales del usuario final es una visión incompleta. El verdadero desarrollo de la tecnología está profundamente condicionado por el entorno y la narrativa ideológica de las organizaciones que la crean y de los gobiernos que las cobijan.
Un ejemplo claro de esta fricción ética ocurrió con el caso de Anthropic. La empresa había cerrado un acuerdo con el gobierno de los Estados Unidos. No obstante, bajo la administración de Donald Trump se les exigió que su tecnología fuera implementada sin restricciones operativas. La negativa de Anthropic a ceder en sus lineamientos éticos abrió la puerta para que OpenAI asumiera esa posición, permitiéndole acceso total al gobierno.
Este choque demuestra que la tecnología nunca es neutral. La forma en que se despliega una IA cambia drásticamente según las directrices que la gobiernan:
- El entorno occidental: Marcado por tensiones entre regulaciones estatales, posturas éticas corporativas y seguridad nacional.
- Otros bloques geopolíticos: Las narrativas vigentes en empresas bajo el cobijo del gobierno chino, ruso o de los modelos escandinavos responden a visiones de sociedad e intereses estratégicos completamente distintos.
Al final del día, el rumbo de la Inteligencia Artificial no lo define solo un algoritmo o la interacción en una pantalla; lo definen los pactos colectivos, las políticas de Estado y las narrativas de poder de las corporaciones que controlan su evolución.
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