Una conversación urgente… y una respuesta posible
Durante años, vivir de la agilidad era como vender paraguas en temporada de lluvias: cursos llenos, clientes curiosos, equipos dispuestos a intentarlo todo. Era el boom. Pero algo cambió. Y no hablo solo del mercado: hablo de nosotros, de la mirada de quienes antes nos aplaudían.
Hoy, muchos líderes ya no preguntan “¿cómo implementamos Scrum?”, sino “¿esto aún nos sirve?”. Y cuando tus clientes cambian de preguntas, tú no puedes seguir dando las mismas respuestas.
Déjame contarte una historia vieja que se siente peligrosamente actual.
La posada de Procusto y los consultores del siglo XXI
Procusto era un personaje de la mitología griega que tenía una posada, una posada asesina. Ofrecía cama y descanso… pero con una condición: que el huésped se ajustara exactamente al tamaño del lecho. Si era más alto, lo mutilaba. Si era más bajo, lo estiraba hasta romperlo.
La metáfora es brutal, pero certera: muchos de nosotros —sí, incluso los que promovemos la agilidad— terminamos actuando como Procusto. Nos aferramos a marcos, rituales y discursos evitando cuestionarlos, para quedarnos en lo conocido, aunque hace rato haya dejado de ser confortable. Y cuando la realidad cambia, en vez de cambiar con ella, intentamos mutilarla o estirarla para que encaje en nuestras camas conceptuales.
La realidad, querido colega, no se va a adaptar a nosotros. Las necesidades de los clientes, la velocidad del mercado y el avance de la tecnología no se detienen. Y a ellas hoy les importan muy poco —o nada— nuestros manifiestos, nuestros marcos, nuestras certificaciones.
Gestionar el vacío: la nueva metacompetencia
Hoy no basta con saber ejecutar marcos de trabajo. Hay que aprender a leer cambios, navegar la incertidumbre y rediseñarse. Gestionar el “vacío” se volvió clave:
- El vacío de tiempo: ¿cómo usar los espacios sin tarea para pensar o repensar?
- El vacío de conocimiento: ¿qué haces cuando no sabes algo?
- El vacío de fuentes: ¿a quién acudes cuando te quedas sin respuestas?
En Castor, cada tanto me llegan hojas de vida. Algunas me hacen llorar como cuando pico cebolla con mi esposa: quiero huir, pero no puedo. Veo descripciones que dicen: “sé montar Scrum, facilito retros, implementé Management 3.0, hago coaching poderoso y tengo chorromil certificaciones”.
Pero no dicen lo que realmente importa: ¿cómo has hecho progresar a las personas que te pagaron?
La verdad incómoda y luminosa
Te lo digo sin rodeos: solo vas a seguir ganando dinero si haces que quienes te contratan progresen.
No las empresas. Las personas.
Otra vez, por si se te pasó:
Solo vas a seguir ganando dinero si haces que quienes te contratan progresen.
Y entonces viene la pregunta de fondo: ¿qué es progreso?
Fito, Teresa y el Diablo
Para la Madre Teresa, el progreso era llevar almas al cielo. Para el Diablo (si existiera), llevarlas al infierno. Para el director de un hospital, evitar que lleguen a cualquiera de los dos.
Para algunos, es avanzar. Para otros, es volver a algo esencial.
Fito Páez lo canta en Un vestido y un amor, una canción escrita en pleno fervor de amor por Cecilia Roth, incluida en su álbum más emblemático, El amor después del amor (1992). En medio de ese retrato íntimo, hay una escena que sintetiza lo inesperado del verdadero progreso:
“Yo no buscaba a nadie y te vi,
vi una luz, te reconocí,
alguna vez te vi en algún lugar…
y te busqué sin razón,
simplemente te vi.”
Eso también es progreso: reconocer algo que no sabías que necesitabas. Como cuando te das cuenta de que el camino que llevabas no era el destino, sino apenas la entrada.
Cada quien define el progreso a su manera. Algunos clientes quieren reducir costos. Otros, ganar control. Otros simplemente buscan respirar, que su equipo no reviente. Si tú no sabes qué significa progreso para tu cliente, construirás castillos hermosos… en el país equivocado.
Y tú, ¿qué entiendes por progreso? ¿Tener más tiempo libre? ¿Ver crecer a tus hijos? ¿Crear algo propio? ¿Dejar de correr detrás de cada nuevo framework?
Pregúntatelo en serio. Porque ahí empieza tu verdadera estrategia.
Estrategia en cascada (sí, dice “cascada”, pero no te vayas)
La cascada de decisiones estratégicas del libro Play to Win nos da una hoja de ruta personal:
- ¿Qué significa ganar para ti?
- ¿Dónde vas a jugar? (mercado, industria, tipo de cliente)
- ¿Cómo vas a ganar? (¿qué te hace diferente?)
- ¿Qué capacidades necesitas desarrollar?
- ¿Qué sistemas necesitas para sostenerlo?
Esto no es solo un ejercicio mental. Es un acto de honestidad profesional.
Porque si no tienes claridad, cualquier oferta suena bien.
Y lo barato, ya lo sabes, sale carísimo: distrae, agota y no construye.
El concepto del puercoespín (con bigote, si quieres)
Jim Collins en el libro Good to Great lo llama el “Concepto del Puercoespín”: tres círculos que se intersecan.
- ¿Qué te apasiona?
- ¿En qué puedes ser el mejor del mundo?
- ¿Qué sostiene tu economía?
Donde esos tres puntos se cruzan, ahí está tu refugio. Tu ventaja. Tu futuro.
Dar es dar… pero no todo
Como canta Fito en Dar es dar:
“No cuento el vuelto, siempre es de más.”
Pero no se trata de regalar tu tiempo, tus ideas o tu energía sin rumbo.
Se trata de dar valor que genere progreso. Para otros, sí. Pero también para ti.
Hoy conozco personas que usan lo aprendido en agilidad para diseñar flujos de venta, crear experiencias educativas personalizadas, construir productos con foco en lo esencial. No están montando agilidad: están usándola como brújula para transformar el mundo.
¿Se puede seguir viviendo de la agilidad?
Sí. Pero no como antes.
La agilidad no es un fin. Es una forma de pensar, de trabajar, de aprender, de servir y de vivir. Una herramienta poderosa, que cuando se usa bien, genera progreso real.
Úsala como una metacompetencia.
Combínala con todo lo demás que sabes, que te apasiona, que te distingue.
Construye desde ahí.
Y si leíste hasta acá…
…es porque algo se movió. No lo ignores.
Si necesitas hablar, pensar en voz alta o diseñar tu nueva forma de vivir (con agilidad o más allá), estoy por aquí.
Porque no se trata de resistir el cambio.
Se trata de leer, de cantar, de resistir, de bailar el cambio y seguir bailando, seguir viviendo, seguir generando abundancia.
Como diría Fito, se trata de estar al lado del camino… pero con los pies listos para el próximo paso.
Hablemos.
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Una respuesta
Juan, Me resuena y me inspira
Me identifico muchísimo con esra frase:
“La agilidad no es un fin. Es una forma de pensar, de trabajar, de aprender, de servir y de vivir. Una herramienta poderosa, que cuando se usa bien, genera progreso real.”