Odio a Maná: Una reflexión sobre los prejuicios en la consultoría tecnológica
Este artículo explora la naturaleza del odio, desde la trivial animadversión hacia la banda Maná hasta las implicaciones más profundas del rechazo a ciertos profesionales en la consultoría tecnológica.
Juan Andrés Ochoa
Juan Andrés Ochoa
Fundador y CEO de Castor Evolución digital. Autor, podcaster, speaker, músico, navegante y filósofo novato.

Odio Maná. Lo odio con toda mi alma y mi corazón. Es un odio visceral, tan reconfortante como un capuchino caliente en una tarde de lluvia. En ese odio, me siento cómodo, potente, fuerte. Cuando alguien me dice que el baterista es bueno, respondo: “Si fuera bueno, no tocaría con Maná”. Si me hablan de algún integrante de ascendencia colombiana, no puedo evitar sentir vergüenza por esa conexión con Colombia. Y cuando mencionan que Maná tocó con el gigante guitarrista Carlos Santana, pienso que Santana ya tiene de qué avergonzarse.

Mi odio por Maná solo es comparable al que siento por Arjona, Paulo Coelho o Tony Robbins. Este odio lo despliego en ambientes de camaradería, en la empresa, donde me siento seguro y puedo atrincherarme con gente parecida a mí.

Pero, ¿han matado a alguien los de Maná? No. ¿Hacen algo malo por la humanidad? No, eso es solo una broma. ¿Traen sonrisas y gozo a mucha gente? Sí. ¿Traen bienestar a su alrededor? También. Este odio a Maná no me hace daño ni a mí ni a los que me rodean, ni a Maná. Por el contrario, trae risas y buena onda. Normalmente, quien me interpela se sale con la suya, y estoy seguro de que mi odio a Maná es más un divertimento socialmente aceptado que una verdadera animadversión.

Reevaluación de la percepción de las personas corporativas en la consultoría tecnológica y desarrollo de software

Nos enfrentamos a un tema delicado en el campo de la consultoría tecnológica: la actitud hacia un cierto tipo de personas que tienen enfoque tradicional o jerárquicos. Esta perspectiva, prevalente en entornos de evolución digital, agilidad e innovación, suele ser crítica y descalificadora. A menudo, estos profesionales son vistos como barreras para la innovación, acusados de aferrarse demasiado a la jerarquía, abogar por un control excesivo y mostrar resistencia a nuevas ideas. Esta situación plantea una pregunta: ¿cómo pueden contribuir al progreso si se oponen al cambio?

Este sentimiento negativo y la falta de empatía hacia estos profesionales se manifiestan en cómo se habla de ellos, frecuentemente desde un punto de vista de superioridad, asumiendo que somos mejores y descalificándolos. Esta actitud conduce a generalizaciones injustas, culpando a estos individuos por los fracasos en las transformaciones digitales.

Sin embargo, es crucial reconocer que no todas las personas corporativas encajan en este orden. En realidad, muchos trabajan buscando el bienestar y el progreso. Nuestro desafío es entender sus motivaciones y colaborar con ellos en pos del progreso, en vez de limitarnos a criticar. Este es un llamado a cambiar nuestra perspectiva y adoptar un enfoque más constructivo y empático, enfocado en la ayuda y no solamente en la crítica.

Este tipo de odio sí es perjudicial y nos hace daño a todos. ¿No estaremos, entonces, utilizando este odio para descalificar a estos profesionales, impidiendo así el progreso y la colaboración?

Nos atrincheramos en nuestra tribu, clasificando al mundo entre “buenos” y “malos”, y eso nos exime de nuestra responsabilidad. Nos pagan y nos contratan para mejorar la vida de estas empresas y personas, y ese debería ser nuestro enfoque.

Entonces, te invito a reflexionar: ¿Tu odio es inofensivo como con Maná, o tiene consecuencias más profundas y dañinas? Esta reflexión puede ser incómoda pero esencial para entender cómo nuestras emociones impactan en el mundo que nos rodea.

Una respuesta

  1. Juan, me llamó la atención tu artículo. Pensé que simplemente habías usado una de esas técnicas tipo “clickbait” para atraer la atención de lectores. Pero no. Como siempre, te has dicho, has hablado más de lo que muchos pueden soportar. Es lo nuestro: visceral.

    En el artículo captas hábilmente la esencia de los sesgos emocionales que pueden nublar nuestro juicio profesional. En mis 35 años en la industria, he observado lo fácil que es para las personas y equipos caer en la trampa del tribalismo, especialmente en entornos que enfatizan los principios ágiles y lean. Este tribalismo a menudo se manifiesta como un complejo de superioridad injustificado hacia aquellos percibidos como menos ágiles, innovadores o digitales. La analogía que usas de tu odio hacia Maná sirve como una poderosa metáfora para resaltar este sesgo a menudo subconsciente. Esto refleja lo que he visto en esfuerzos de transformación ágil, donde los profesionales a veces desestiman enfoques tradicionales o jerárquicos sin comprender completamente el valor que estas perspectivas pueden aportar.

    Pero… sí, hay un pero mi estimado amigo…

    Pienso que el enfoque de tu artículo podría simplificar demasiado la complejidad de la dinámica organizacional. En mis 15 años como practicante ágil, he aprendido que desestimar enfoques tradicionales no es simplemente una cuestión de sesgo; a menudo surge de experiencias tangibles donde tales enfoques han obstaculizado la innovación y la adaptabilidad. Lo es en mi caso. Aunque haces un llamado a la empatía y la comprensión, no aborda completamente cómo el enfoque ágil y lean puede coexistir y aprender de métodos más tradicionales. Esta coexistencia es crucial en las transformaciones ágil y digital, ya que requiere combinar diferentes filosofías y prácticas para encontrar el camino más efectivo para cada contexto organizacional único.

    Y no puedo cerrar sin pensar que, en la orquesta del cambio tecnológico, la armonía reside en combinar lo moderno con lo vanguardista. Armonizar a Taylor, la Swift, con Fer, el Olvera. No descartemos lo antiguo en nuestro entusiasmo por lo nuevo; más bien, unamos tradición e innovación para crear una sinfonía de progreso. Para una verdadera transformación, cada nota, antigua y nueva, debe resonar junta.

    ¡Me voy al mar! 🙂

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