¿Es posible o no crear un producto digital que se acerque a la belleza?

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Crear un producto digital

Más allá de lograr una respuesta definitiva, cuando pensamos en la posibilidad de crear un producto digital que se acerque a la belleza viene a nuestra mente aquello que se nos ha dicho –o nosotros mismos lo hemos comprobado–, se acerca a la belleza. Entonces aparecen Apple y Steve Jobs.

Y aunque suene al principio polémico, lo cierto es que la belleza es una forma de locura. En este sentido, el filósofo alemán, Theodor Adorno cita una parte del Fedro 249d-250c que dice que: la belleza es quien hace que le salgan alas a quien la observa, pero cuyas alas realmente no le sirven al espectador para volar.

Ya que este no es un post solo de filosofía, muy rápidamente me aventuro a concluir que la idea de la belleza en el producto es parte de su esencia. En otras palabras, el producto es también lo que se dice de él.

Sí, no estamos diciendo nada nuevo, Steve Jobs lo dijo de manera reiterativa al hablar de vender no un producto, sino un sueño, es decir, cómo el producto puede cambiarle la vida a los usuarios. A propósito, vale la pena ver este video de Simon Sinkek en donde explica cómo los grandes líderes inspiran a la acción, a partir del círculo de oro.

1. Se vende un sueño no un producto

Teniendo en cuenta lo anterior, de que se venden sueños y no productos, vemos lo valioso de las comunidades: vender un sueño compartido siempre va a ser más que un sueño individual. Al vender un sueño en común, vendes una cosmovisión (no solo un estilo de vida); es decir, vendes las opiniones y creencias que conforman la imagen que tiene una persona —un conjunto de personas— frente al mundo.

Así es que el marketing, que podría definir como lo que se dice del producto, es al mismo tiempo cómo se comunica esa belleza, es decir, el sueño de ese producto. Cómo se le muestra a las personas el contraste de los que tienen alas porque son usuarios y los que no tienen alas porque no son usuarios. Por ejemplo, hay una edTech que siempre muestra las casas que compraron sus estudiantes con los dólares que ganaron después de ser contratados. ¿Es real o no? No importa, es un sueño.

En este sentido, el marketing -lo que se dice de un producto- no debería ser otra cosa que cómo se muestran el por qué (la belleza) de ese producto, es decir, los valores/propósito de una marca que terminan extendiéndose a los usuarios.

2. El cómo a partir de la estructura narrativa del héroe

Mostrar el cómo no es adjetivar sino, literalmente, presentar una escena no común en la vida de alguien. Mostrar ese momento en donde una persona normal cruza el umbral al convertirse en usuario, es decir cuando consigue tener alas gracias al haber apreciado la belleza o haber utilizado el producto.

La belleza, como una forma de locura, permite que se venda la ilusión de un producto y que la gente compre esa ilusión, no el producto en sí; es mostrar cómo una persona –un segmento de personas– puede liberarse de algo que le oprime, como la falta de educación.

En otras palabras, la belleza del producto, el cómo, puede entenderse a partir de la estructura narrativa del héroe aplicada a los usuarios no a la marca.

Aquí, la marca haría las veces del mentor. Es quien le entrega la antorcha-propósito al usuario y le ayuda a hacer la transición del mundo ordinario al mundo del héroe, a llevar la antorcha orgullo.

3. En esta sociedad, el producto es su discurso

Es evidente que el tema es complejo, sobre todo cuando es bastante delgada la línea entre lo que es ético y lo que no lo es. Lo cierto es que la idea de la belleza plantea un dilema, y la manera cómo se venda o se compra un producto hace parte de esa locura.

Pero lo que queremos mostrar, más que entrar al anterior debate, es cómo se logra crear un producto digital que se acerque a la belleza, y la respuesta es que se da a través del discurso que, a su vez, termina siendo el producto.

Teniendo en cuenta que en esta sociedad el producto es su discurso, se hace necesario:

  1. Identificar la ideología de una marca (el conjunto de ideas, opiniones, historias detrás de una marca).
  2. Reconocer la cosmovisión (manera de pensar y actuar) de nuestros posibles usuarios.
  3. Una vez se ha realizado lo anterior, se puede pasar a establecer puntos en común que permitirán una real conexión entre la marca y usuarios.

En otras palabras, a establecer el discurso no solo desde la marca o desde los usuarios, sino desde los temas y creencias en comunes que permitirán crear experiencias o lo que se suele llamar como micromomentos. Los discursos, entonces, se conforman de micromomentos que alteran o no la narración y la percepción de belleza sobre un producto

4. La comunidad son las historias de sus usuarios

Por otro lado, lo que genera el sentido de comunidad es la recopilación de las historias del día a día de los usuarios, su discurso. Por eso los influencers logran crecimiento orgánico: saben cómo visibilizar constantemente el cómo, el sueño.

Mostrar la belleza es, a la vez, invitar a quienes no son usuarios a ser parte de esta locura. Todo parte de evidenciar cómo alguien ordinario logró ser y «vivir» como un héroe, gracias a X marca –X manera de estar en el mundo, de llevar el propósito…. Se trata de sentir que «yo también puedo», muy al estilo de los héroes griegos o al eslogan de Nike: «Just do it.».

En este sentido, el marketing también alimenta el producto, aunque en muchas ocasiones sea solo humo. Como se afirma en el citado Fedro: «y con sus nuevas alas, quiere seguir volando, pero no lo logra…». Pasa que aún cuando la gente sepa que aunque tengan alas no podrán volar, comprarán el producto.

5. Solo vendes un sueño a quienes están predispuestos a ello

Es clave tener presente que solo se puede vender un sueño a quienes, de antemano, están predispuestos. Hay un sueño específico para cada tipo de segmento del mercado. Si no hay claridad en cuál es el segmento, solo es cuestión de buscarlo, pues este no se crea, ya existe y, lo que es más, siempre está relacionado con los temas de siempre: el amor, la muerte, la guerra, la paz, el sufrimiento, la supervivencia.

Resalto este último porque es el más utilizado hoy en día por las empresas. Por ejemplo, para sobrevivir debemos aprender, «nunca dejar de aprender». ¿Es real? No importa, es cómo se cuenta. Y contarlo sin descanso es lo que termina creando un producto (desde filosofía bastante complejo, desde los negocios solo así: en este tipo de sociedad es posible vender). La pregunta aquí es cómo hacer de esto algo sostenible y no simplemente generar más ruido e infoxicación. Una posible respuesta puede darse en dos palabras: compartir conocimiento.

Invitación a seguir la conversación.

*Imagen de portada creada con Inteligencia Artificial: DALL-E Mini

 

 

 

 

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Lina Ceballos

Lina Ceballos

Periodista que estudió filosofía para crear y consolidar comunidades online.

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